martes, 16 de junio de 2015

Desprenderse... pero de qué

Desprenderse, es una palabra que he escuchado, leído y releído, mil veces... pocas veces me hizo sentido realmente. Y es que de qué podría uno desprenderse: de cosas, de personas, de emociones... No, la verdad es que al parecer aun no me hace sentido.

Las cosas y las personas, son pasajeras... las cosas, son instrumentos, si nos son útiles los mantenemos si no, nos deshacemos de ellas y ya. Pensar en desprenderte de las personas, implica una concepción bastante loca, ya que para desprenderse de algo hay que tenerlo, no podría pensar que "tengo a las personas", no son posesiones... podrían ser, tal vez un préstamo, que nos hace la vida para no estar solos.

De emociones, así como los temores, alegrías, tristezas... menos, creo que son estas cosas las que nos definen, cómo podríamos desprendernos de ellas. Por muy temores que sean, son míos, nadie tendrá jamas los mismos temores que yo, y aunque me molesten a veces, no los desecho. Puedo intentar superarlos.

De los recuerdos, qué duro sería eso; buenos o malos son mi historia, lo que hace que hoy esté acá y no en otro lugar.

En serio, vuelvo a preguntarme: desprenderse de qué.

Para realizar un cambio en nuestras vidas, no debemos desprendernos de nada, basta con mantener en orden las prioridades. Si necesitas hacer un proceso de desprenderte de algo material, es que realmente has priorizado de manera errónea la vida.

Para hacer un corte en nuestras vida, y poder por ejemplo salir a viajar por el mundo, sólo necesitas valentía, hacer un proceso de envalentonarte, con esto puedes: enfrentar tus emociones y no transarlas defender tus recuerdos y lo que realmente eres y valorar en extremo a cada una de las personas que están y que han estado en tu vida.

Ese "desprenderse" del que tantas veces hemos escuchado hablar, realmente es una falsa ilusión de quienes no han sido lo suficientemente valientes, para aferrarse a lo que son, a quienes tienen cerca y a sus propias historias... por miedo, miedo al dolor.

Lamentablemente, la vida es con algunos dolores, si señores, a veces la vida duele y siempre esos dolores pasan.

Pasa la tristeza de una despedida, pasa el temor a lo desconocido, pasa el dolor de un golpe. Lo que no podemos dejar que pase, como si nada, es lo que somos y lo que vivimos.

martes, 9 de junio de 2015

Lo que uno aprende de sí mismo

Entre años de estar sola y todos estos viajes realizados, he aprendido mucho de mi, entre eso cosas cotidianas que hago o que dejo de hacer, y que pueden ser muy molestas para otros. Pero esta soy yo con mis manías y mis defectos, con mis sentimientos y emociones. Y ahora que están tan de moda las listas, he aquí 27 que otros pueden amar u odiar de mí:
1.      Sea invierno o verano, al entrar a casa necesito sacarme los zapatos y tirarlos lejos, más aún después de un día pesado de trabajo.
2.      Siempre necesito tener música… tengo una gran memoria musical, pero difícilmente recuerdo los nombres de las canciones o de los cantantes, recuerdo las letras, los ritmos. Por lo que si alguna vez quiero escuchar una canción, puedo pasar más de un día intentando encontrarla en youtube. Por esto soy la mayor fanática de Shazam.
3.      En relación con lo anterior, si olvido algo, pasaré muchas horas de angustia y esfuerzo hasta que lo recuerde. Google es mi mejor aliado en estos momentos.
4.      Una vez al mes, más o menos, me desvelo y sólo concilio el sueño acostándome al revés, es decir con la cabeza a los pies de la cama. El resto de las noches, necesito probar todas las posiciones posibles, para volver a la primera, antes de dormirme.
5.      No tolero tener correos sin leer, notificaciones del móvil acumuladas, etc.
6.      Puedo tolerar la cama sin hacer, de hecho dejarla como quedó en la mañana para continuar mi rutina onírica al volver del trabajo es un gran placer para mí. Pero no puedo tolerar la acumulación de platos sin lavar.
7.      Sí, tengo al menos 3 libros que he empezado a leer y no los he terminado.
8.      Odio el secador de pelo, incluso en invierno.
9.      Tengo que hacer un enorme esfuerzo para contenerme cuando veo a padres tratar mal a sus hijos en público. Y si, siempre que veo a un bebé o niño en la calle, lo saludaré o le haré algún gesto ridículo.
10.   Soy feminista, y en todos los años que he estado sola, he aprendido a abrirme las puertas, acomodarme la silla, pagarme las cuentas… puede ser que me acostumbre fácilmente a que otro lo haga por mí, pero por ahora suelo sentirme incómoda cuando lo hacen.
11.  Me como las uñas.
12.  El tiempo de la ducha, es un momento sagrado de soledad que pretendo defender a como dé lugar. Aunque siempre la acompaño con música.
13.  Tiendo a dejar lo más rico de la comida para el final. Y el postre debe ser con la cuchara más pequeña posible, así dura más.
14.  Me encanta cocinar, pero odio tener que pensar todos los días qué hacer para comer, normalmente terminó esta disyuntiva en una ensalada.
15.  Odio los cuadros que no están bien alineados, las puertas de los muebles abiertas y las cortinas a medio cerrar.
16.  Soy muy llorona, películas, canciones, poemas, incluso, algunas publicidades me pueden hacer soltar alguna lágrima, más aun en aquellos días.
17.  Soy aracnofóbica, incluso el más mínimo de estos seré me hará gritar.
18.  Mis 7 sobrinos son mis personas favoritas, por lo que siempre serán primera prioridad, un whatsapp de uno de ellos, una foto, un video de ellos podría interrumpir cualquier conversación.
19.  Soy de esas fumadoras que siempre está pensando en el mejor día para dejarlo.
20.  Amo ver películas, pero detesto ir al cine, si he de escoger, prefiero el teatro. Y si veo películas en casa, deben ser en idioma original y con subtítulos si es necesario. Jamás dobladas.
21.  Puedo hablar con facilidad de mis emociones, pero me cuesta expresarlas.
22.  No creo en las segundas oportunidades.
23.  Soy un completo desorden, pero siempre tengo claro donde tengo mis cosas, y una vez a la semana necesito poner todo en orden nuevamente, esto siempre termina con un aseo profunda a mi casa.
24.  Si bien no suelo ser consumista, un par de zapatos bonitos puede esperar; me puedo endeudar en entradas para conciertos o viajes.
25.  Normalmente boicoteo mis intentos de iniciar una rutina de deportes, dieta, dejar el cigarro, etc.
26.  Me gusta el futbol, amo ver partidos de mi equipo (Universidad de Chile) y de la selección nacional. Mis peores palabrotas saldrán en este contexto.
27.  Creo que los juegos están hechos para hacer trampa. Es la forma más correcta de hacer lo incorrecto.

domingo, 31 de mayo de 2015

La segunda despedida, de esa que nadie te advierte

Bueno, no sé si nadie, ya un amigo me lo había comentado... cuando decides irte por mucho tiempo de tu país, la gente que dejas a veces quiere y puede venir a visitarte. Y es una gran alegría saber que habrá un reencuentro, que podrás mostrarle a esas personas que tanto quieres, cómo es tu nueva vida e incluso ver tu vida actual desde otra perspectiva (de turisteo con tus visitas).
Mi amigo me dijo, la despedida acá fue más llorada que la de cuando me vine, al principio eso no suena muy lógico, pero él me lo explicó desde su vivencia, y lo comprendí.
Cuando me tocó vivirlo a mi, cobró toda la lógica que antes no le encontraba.
Así es, tener visitas y hacer viajes con éstas es genial, pero algo se cae en esta experiencia. Si bien todo el tiempo anterior a su llegada, y desde que te viniste, tenías la ilusión del momento en que nos volviéramos a encontrar, cuando la visita se acaba ya no está esa ilusión. La segunda despedida, conlleva una desilusión, un: ¿y ahora qué? si ya llegaron, ya conocieron, ya lo pasamos increíble, ¿qué queda ahora?...
Queda volver a la vida que has construido en este nuevo lugar, lo cual es genial porque también a momentos la extrañaste cuando estabas con tus visitas, pero rápidamente buscas otra ilusión, entonces surge el: "ahora me toca a mi ir a verlos"... y con eso ya sabes que vendrá una tercera despedida.

jueves, 2 de abril de 2015

Al salir de tu espacio de confort, comienzas a conocer muchos lugares algunos preciosos, otros tal vez no tanto; y generalmente al hacer turismo nos quedamos con esa impresión de las ciudades o lugares que conocemos.
Pero, cuando hablamos de conocer ciudades, de dar nuestra opinión sobre una ciudad, es imposible hacerlo si no conoces a la gente que vive ahí. Adoptar algunas rutinas, conocer ese lenguaje no verbal, comprender las distintas formas de relacionarse de cada cultura, etc. Es verdad, las costumbres de un lugar son esenciales para conocerlo, pero creo que cuando realmente nos damos cuenta que no estamos en casa, es cuando observamos que las relaciones humanas tienen distintos códigos en cada lugar o cultura.
Cuánto nos acercamos a una persona, cuándo hemos de llamar por teléfono, y cuántas dudas más nos surgen en este proceso. Cómo pedir un favor, cuándo invitar a alguien... y así, una serie de situaciones a las que te vas acomodando.
Lo normal es que ese tipo de cosas sencillamente nazcan, pero mientras más distinta es una cultura mayor es el nivel de duda que generan. Simplemente creo que se traduce en una cuestión de ensayo y error, como muchas cosas en la vida.

lunes, 2 de marzo de 2015

Que el idioma no sea una barrera

Cuando decidí hacer el viaje a Amsterdam, ni se me pasó por la cabeza el tema del idioma... solo cuando ya estaba en el aeropuerto tuve que hacer el cambio de chip, y proponerme hablar en inglés,lo cual me alegró mucho, porque es asumir que ya el idioma no es una barrera... Siempre lo he pensado, pero actuar en coherencia con eso es más difícil...
Y en efecto, si nunca ha sido una barrera, menos lo sería esta vez, que iba con más personas y que le podía echar mano a los conocimientos básicos de inglés que tengo.
La verdad es que ahora que lo pienso bien, debí haber estado más preocupada del idioma cuando viaje a París, el francés si que no lo manejo y allá, son más reticentes a hablar en inglés.
Pude darme cuenta en este viaje que cuando hay interés por comunicar siempre lo podemos hacer. Cuando hay disposición, buena disposición se puede...
La mayor gracia de viajar, además de conocer lugares y personas preciosas, es que te obliga a romper tus propias barreras, autoimpuestas. Es difícil decir que te obliga a romper los límites que otros te ponen, porque donde sea que vayas habrá una cultura que te de ciertas pautas de comportamiento, unas más que otras claramente. Pero esas barreras que muchas veces por inseguridad o por timidez nos imponemos, sin que nadie lo pida o le exija... esas que tanto cuesta derribar, esas que deberían ser fáciles de olvidar, esas son las que con los viajes se van moviendo, desplazando, hasta que finalmente se disuelven. Seguramente en el proceso van surgiendo otras, y vas poco a poco re-conociéndote, evaluado situaciones y probándote a ti misma.... la pregunta constante es: ¿Hasta dónde soy capaz? 
Hay culturas que te enseñan mucho de esto, si pudiera sacar una enseñanza de Ámsterdam, además de la increíble experiencia de haberlo pasado muy bien, puedo decir que esa es la tolerancia. 
Las personas siempre amables y respetuosas, a pesar de la gran diversidad de personas, turistas y habitantes que albergan esos canales y edificios medios inclinados. Eso se debe a la tolerancia.
Esa gran característica que va de la mano con el respeto y que tan poco ponemos en práctica muchas veces, no sólo te permite vivir en paz con los otros, sino que también contigo mismo. La tolerancia es una te ayuda a desplazar también tus propias barreras, vivir en un contexto tolerante es vivir en un espacio de aceptación de los otros, pero también de nosotros mismos, y realmente eso te libera mucho.

sábado, 31 de enero de 2015

Aceptar y vivir las emociones

La metáfora del "andar a pata", tiene mucho que ver con los viajes y el moverse de un lado a otro... pero también me permite darle otro uso... y es el de enfrentar el mundo sin una coraza. En otras ocasiones ya lo he mencionado...
Como sea, decidir salir de tu país puede ser una experiencia maravillosa, también puede ser horrible. Todo dependerá de la disposición con la que lo enfrentes, cuando usas una coraza frente a tus emociones, de esas que ni a ti te permiten sentir lo que estás sintiendo, tampoco permites que lleguen a ti las cosas buenas del nuevo entorno en el que estás.
Al contrario, cuando estas dispuesto a sentir, a reconocer tus emociones, a llorar y a reír, también logras recibir de tu entorno todo lo bueno que puede ofrecerte y a resignarte frente a lo que no te gusta.
Finalmente, un cambio de vida como éste, no es terrible en sí mismo, es terrible cuando tememos vivirlo como tal.
Lo que está claro son al rededor de 10 cosas:
1. Hay que aprende a tolerar la soledad.
2. Verás cosas que te harán llorar de la emoción.
3. Siempre te sorprenderán las personas que comienzas a conocer.
4. Te sorprenderás con tu capacidad de incorporar tantos cambios.
5. Pasará mucho tiempo en el que no creerás los que estás viviendo.
6. Siempre habrán momentos de melancolía, es más hay que aprender a convivir con ella.
7. Muchos de nuestros temores son completamente injustificados.
8. El mundo es mucho más grande de lo que te imaginas.
9. Pero también mucho más accesible de lo que creemos.
10. Realmente estamos mucho menos limitados de lo que creemos.
11. Aprendes a establecerte nuevos límites y a respetarlos.
12. Te das cuenta que es verdad eso que dicen: no hay emociones malas.

Esto de "andar a pata", te hace experimentar todo esto y más, siempre y cuando te lo permitas... es un tema de disposición, aceptación (de ti mismo y de tu realidad) y de enfrentar(te).

Otra fecha importante que he tenido que enfrentar en este viaje, ha sido Año Nuevo del 2015... empezar el año en París... cuando vi el siguiente paisaje viví en carne propia el punto número 2 de esta lista:


jueves, 29 de enero de 2015

Paso 04: a veces dejas el coche para usar una Burka, o algo similar.

Decir que "la vida es a pata", en muchas ocasiones es más que una metáfora, es real. Aunque en lo que voy a escribir ahora, si será una metáfora...
Después de 3 meses en Valencia tuve (porque así lo quise, obviamente) que, nuevamente, enfrentarme a un aeropuerto, y la verdad no me quejo, me encantan los aeropuertos. Por la misma razón que me gustan, también me angustian: los aeropuertos rompen los esquemas, aunque quisiéramos hacerlo más, no vamos todos los días a uno. Rompe los esquemas escuchar otros idiomas, rompe los esquemas ver personas que vienen de todas partes del mundo y a la vez van a cualquier parte del mundo.
Y viene una pausa... una pausa de todo un proceso de adaptación, duro pero bueno, a un nuevo país. Es grande la diferencia entre tomar un avión porque te vas a vivir fuera que cuando te vas de vacaciones.
Y así, piso por segunda vez el aeropuerto de mi nueva ciudad, rumbo a Turquía... Ankara... a pasar la navidad, que claramente allá no se celebra.
Al menos en mi familia, Navidad es una noche bastante especial y familiar, nunca tuve la costumbre de salir de fiesta esa noche, por ejemplo. Claramente este año a 15 mil kilómetros de mi familia, se veía como una fecha bastante amenazante. Pero, por suerte, contaba con familia por acá "cerca", y entonces a Ankara los pasajes.
Gran destino, tremendo viaje y una increíble experiencia, poder pasar una fecha importante con personas de tu familia siempre es increíble, más aun cuando tus planes originales implicaban a desconocidos o a nadie. Pero, hay que sumarle también el factor cultural, Turquía no es un país muy radical en cuanto a su religión, pero toda su cultura nos puede parecer tan ajena... un idioma in-entendible, costumbres extrañas para nosotros, otra alimentación, es fuerte. Pero solo en la medida que se respete y que uno tenga un interés por comprender, se hace mucho más tolerable y entretenido.
Andar a pata por la vida, viajar, alejarse de tus costumbres y de los más queridos implica muchas veces hacer una pequeña pausa a tus tradiciones y tu cultura (mirarlas como espectadora y ya no como participante), y ante esto solo podrás: asimilar y aprender del lugar y personas donde estás, por un lado, y por otro, comenzar a crearte tus propias costumbres y tradiciones. Claro que siempre está la posibilidad de resistirse a la realidad, pero para eso mejor te quedas en casa, no vendes el coche y no haces tu vida "a pata".

Dejo esta foto: Mezquita más grande de Ankara, a la cual debes entrar sin zapatos y las mujeres con el pelo cubierto,


Quién diría que vender mi auto me permitiría usar una Burka?