Cuando decidí hacer el viaje a Amsterdam, ni se me pasó por la cabeza el tema del idioma... solo cuando ya estaba en el aeropuerto tuve que hacer el cambio de chip, y proponerme hablar en inglés,lo cual me alegró mucho, porque es asumir que ya el idioma no es una barrera... Siempre lo he pensado, pero actuar en coherencia con eso es más difícil...
Y en efecto, si nunca ha sido una barrera, menos lo sería esta vez, que iba con más personas y que le podía echar mano a los conocimientos básicos de inglés que tengo.
La verdad es que ahora que lo pienso bien, debí haber estado más preocupada del idioma cuando viaje a París, el francés si que no lo manejo y allá, son más reticentes a hablar en inglés.
Pude darme cuenta en este viaje que cuando hay interés por comunicar siempre lo podemos hacer. Cuando hay disposición, buena disposición se puede...
La mayor gracia de viajar, además de conocer lugares y personas preciosas, es que te obliga a romper tus propias barreras, autoimpuestas. Es difícil decir que te obliga a romper los límites que otros te ponen, porque donde sea que vayas habrá una cultura que te de ciertas pautas de comportamiento, unas más que otras claramente. Pero esas barreras que muchas veces por inseguridad o por timidez nos imponemos, sin que nadie lo pida o le exija... esas que tanto cuesta derribar, esas que deberían ser fáciles de olvidar, esas son las que con los viajes se van moviendo, desplazando, hasta que finalmente se disuelven. Seguramente en el proceso van surgiendo otras, y vas poco a poco re-conociéndote, evaluado situaciones y probándote a ti misma.... la pregunta constante es: ¿Hasta dónde soy capaz?
Hay culturas que te enseñan mucho de esto, si pudiera sacar una enseñanza de Ámsterdam, además de la increíble experiencia de haberlo pasado muy bien, puedo decir que esa es la tolerancia.
Las personas siempre amables y respetuosas, a pesar de la gran diversidad de personas, turistas y habitantes que albergan esos canales y edificios medios inclinados. Eso se debe a la tolerancia.
Esa gran característica que va de la mano con el respeto y que tan poco ponemos en práctica muchas veces, no sólo te permite vivir en paz con los otros, sino que también contigo mismo. La tolerancia es una te ayuda a desplazar también tus propias barreras, vivir en un contexto tolerante es vivir en un espacio de aceptación de los otros, pero también de nosotros mismos, y realmente eso te libera mucho.
La mayor gracia de viajar, además de conocer lugares y personas preciosas, es que te obliga a romper tus propias barreras, autoimpuestas. Es difícil decir que te obliga a romper los límites que otros te ponen, porque donde sea que vayas habrá una cultura que te de ciertas pautas de comportamiento, unas más que otras claramente. Pero esas barreras que muchas veces por inseguridad o por timidez nos imponemos, sin que nadie lo pida o le exija... esas que tanto cuesta derribar, esas que deberían ser fáciles de olvidar, esas son las que con los viajes se van moviendo, desplazando, hasta que finalmente se disuelven. Seguramente en el proceso van surgiendo otras, y vas poco a poco re-conociéndote, evaluado situaciones y probándote a ti misma.... la pregunta constante es: ¿Hasta dónde soy capaz?
Hay culturas que te enseñan mucho de esto, si pudiera sacar una enseñanza de Ámsterdam, además de la increíble experiencia de haberlo pasado muy bien, puedo decir que esa es la tolerancia.
Las personas siempre amables y respetuosas, a pesar de la gran diversidad de personas, turistas y habitantes que albergan esos canales y edificios medios inclinados. Eso se debe a la tolerancia.
Esa gran característica que va de la mano con el respeto y que tan poco ponemos en práctica muchas veces, no sólo te permite vivir en paz con los otros, sino que también contigo mismo. La tolerancia es una te ayuda a desplazar también tus propias barreras, vivir en un contexto tolerante es vivir en un espacio de aceptación de los otros, pero también de nosotros mismos, y realmente eso te libera mucho.
No hay comentarios:
Publicar un comentario