jueves, 2 de abril de 2015

Al salir de tu espacio de confort, comienzas a conocer muchos lugares algunos preciosos, otros tal vez no tanto; y generalmente al hacer turismo nos quedamos con esa impresión de las ciudades o lugares que conocemos.
Pero, cuando hablamos de conocer ciudades, de dar nuestra opinión sobre una ciudad, es imposible hacerlo si no conoces a la gente que vive ahí. Adoptar algunas rutinas, conocer ese lenguaje no verbal, comprender las distintas formas de relacionarse de cada cultura, etc. Es verdad, las costumbres de un lugar son esenciales para conocerlo, pero creo que cuando realmente nos damos cuenta que no estamos en casa, es cuando observamos que las relaciones humanas tienen distintos códigos en cada lugar o cultura.
Cuánto nos acercamos a una persona, cuándo hemos de llamar por teléfono, y cuántas dudas más nos surgen en este proceso. Cómo pedir un favor, cuándo invitar a alguien... y así, una serie de situaciones a las que te vas acomodando.
Lo normal es que ese tipo de cosas sencillamente nazcan, pero mientras más distinta es una cultura mayor es el nivel de duda que generan. Simplemente creo que se traduce en una cuestión de ensayo y error, como muchas cosas en la vida.