No hay que ser muy brillante para darse cuenta que si bien un auto nos permite llegar rápida y cómodamente a muchos lugares, y que en general el mundo se ha adaptado para que así sea... aun quedan muchos lugares a los que no puedes llegar si no es caminando...
Lo mismo pasa, cuando estamos en nuestro espacio, nuestra ciudad o cuando no enfrentamos nuevos desafíos, nos conformamos con llegar a los mismos lugares siempre y estamos tranquilos porque salvo ciertas dificultades cotidianas, y algún problema que nos inventamos, está todo tranquilo y parece ser suficiente.
Caminar por Valencia es una experiencia que a veces conmueve... hablo en este caso de esta ciudad, porque aun no he podido conocer otras. El que sea una ciudad de pocos habitantes y muy segura, te permite andar por muchos lugares y apreciar sus calles, sus casas, sus edificios... sus olores y sus texturas. Además de sus cambios dependiendo de la hora del día que pases por ahí.
En paralelo a esto, está la experiencia más metafórica de "andar a pata", cuando dejas el auto, dejas esa protección metálica y puedes llegar a lugares distintos. Cuando te vas de tu país, a estudiar un máster en un área completamente nueva a la que has venido desarrollando hace años y dejas todo tu espacio de protección, te das cuenta que eres capaz de cosas que tal vez antes no te imaginabas... incluso el valorar el hecho de salir de fiesta caminando... pero también cosas mucho más grandes, poder ir experimentando este cambio es potente, poder ser consciente mes a mes, semana a semana, cómo vas superando esta experiencia y como vas obteniendo logros...
Dejar el coche, de alguna forma te quita algo de protección... pero te permite "andar a pata", y ver todo lo que eres capaz de hacer!
